I
Amanezco con una peda que
algunos me comprarían. Tengo el sabor amargo del despertar. La realidad se
vuelve retrograda. Tal vez el efecto del último mezcal, como si fuera meado de
Belcebú. Hay una soledad que me busca debajo de las sábanas. Estoy crudo y bien
ponchado.
II
Hay tanta luz en el camino.
Intento estirar el tiempo. Me sucede la vida en el retrovisor.
III
Cae el sol advirtiendo sobre
los fantasmas de la noche. “Seremos carne de cañón de madrugada” canta Leiva.
No puedo prometer misterios. Estoy tan perdido que me hundo en mi soledad. A
veces beso la muerte con intención de redimirme. Aprendo a convivir conmigo
mismo… de nuevo.
IV
Guardo silencio. Esperar suele
tener ventajas.
V
La luna todavía se atreve a
coquetearme. Soy tan frágil cuando le brilla su orto. Justos por pecadores.
Ella, siempre la luna, sabe remediar mis delirios.